Anualmente un millón de personas pone fin a su vida, entre ellos un número creciente de mayores de 60 años. Francia, Finlandia y Bélgica registran el mayor número de suicidios en la Unión Europea para este grupo etáreo. En Estados Unidos, en 1992, los mayores de 60 años constituían el 13% de la población, y los suicidios en ese grupo de edad representaron el 20% del total de suicidios. Al igual que en los Estados Unidos, los casos aumentan en el mundo entero, aunque para algunos países las estadísticas son inexistentes, o, cuando las hay, son incompletas. Se sabe, sin embargo, que entre los mayores de 80 años la cifra de suicidios aumenta. En Colombia, el mayor número de suicidios corresponde a personas con edades entre 15 y 25 años, pero los casos de personas viejas que deciden acabar con su vida van también en aumento, aunque la información al respecto es todavía deficiente.
Al analizar las causas del suicidio se ha encontrado que existe una estrecha relación entre la depresión y el suicidio. Ambas son causas de muerte y van en aumento en todas las edades pero especialmente en quienes sobrepasan los 60 años. Otras razones que llevan a optar por el suicidio en la vejez son el dolor crónico severo, las enfermedades debilitantes, y el diagnóstico de una enfermedad terminal (en ocasiones, la sola percepción de que se padece una enfermedad incurable genera el suicidio). Otros factores reconocidos son el abuso del alcohol, la pérdida de la pareja y la sensación de aislamiento y soledad. Diversos estudiosos del tema coinciden en señalar que los episodios depresivos, generados por el sentimiento de verse rechazados, agredidos o ser considerados una carga para los demás, aparecen entre las principales razones para suicidarse o intentar hacerlo. Los intentos de suicidio son más frecuentes en mujeres que en hombres; sin embargo, el suicidio consumado se presenta en una proporción de 3 a 1 en los hombres con respecto de las mujeres.
Es de prever que, como consecuencia del envejecimiento poblacional, aumentarán los suicidios de personas viejas. Máxime en países como el nuestro, aquejados por profundas desigualdades sociales que impiden a las personas envejecer con dignidad, por lo cual se convierten con frecuencia en una carga para su familia. Como ha señalado la OMS es necesario considerar el suicidio cada vez más como un problema de salud pública que se debe afrontar desde el núcleo familiar, pero también desde los distintos estamentos de la sociedad y del Estado. La educación de los ciudadanos para las relaciones intergeneracionales y para la aceptación del envejecimiento como una dimensión del transcurso vital, y de la vejez como etapa final del ser humano que requiere solidaridad y apoyo, constituyen la mejor estrategia de prevención. Al respecto hay estudios según los cuales la existencia de redes sociales y familiares fuertes, disminuyen en un 50% las probabilidades de suicidio. Así mismo tiempo se requiere capacitación de los profesionales de la salud y de las ciencias sociales para que sepan identificar los riesgos del suicidio y contribuyan a su prevención.
Silvio Aristizábal Giraldo
Como se menciona en el artículo, es importante una exhaustiva educación en el tema del suicidio en los profesionales que se pueden ver involucrados. Especialmente en profesionales de la salud mental, ya que la causa de todo suicidio es la depresión, y ésta debe ser identificada y tratada con rapidez y sumo cuidado.
Por otro lado, el tema de una familia bien constituida aportaría al no desarrollo de esta enfermedad, al igual que el grupo social en el cual el anciano se desenvuelve. Para lo segundo, son muy útiles los grupos o clubes del adulto mayor (CAM en el Perú) los cuales deben ser difundidos por políticas del Estado y de igual forma, crear programas que aporten al desarrollo social exitoso del adulto mayor, para que pueda encontrar el apoyo necesario en estos grupos.
Fuente: http://gerontologia.org
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