sábado, 29 de noviembre de 2014

«La abuela necesita besitos»

¿Cómo ayudar a un niño a entender el alzheimer?
Un buen día, la abuela María se pierde por el pasillo, no quiere comer, no se acuerda de cómo se llama... Su nieta Maite, de unos ocho años, no entiende qué pasa, y siente cómo se trastoca todo su mundo cuando la abuelita se muda a vivir con ella, su hermanita y sus padres. Esta historia, que bien podría ser el caso real de miles de familias españolas, es la sinopsis de «La abuela necesita besitos», un cuento escrito por Ana Bergua y publicado por la editorial Proteus en 2011, con el que la autora quiere ayudar a entender a los más pequeños por qué la abuela o el abuelo, que antes jugaba y contaba historias, empieza a olvidar los nombres, las historias y los juegos. «Es algo complicado para los más pequeños.
A menudo, les resulta difícil aceptar el proceso de envejecimiento, especialmente cuando va acompañado de enfermedades degenerativas. No entienden por qué los adultos tienen lagunas de memoria o por qué los abuelos tienen que vivir con ellos, alterando, de repente, su entorno familiar», explica la autora.
Los niños no entienden por qué la enfermedad trastoca su entorno familiar
Se trata de una historia llena de sensibilidad y ternura que explica una realidad con la que los familiares de personas con enfermedades degenerativas, especialmente Alzheimer, se pueden sentir identificadas, tanto si son niños como si son adultos.
«Desgraciadamente, este cuento va a estar vigente siempre», apunta la autora, quien relata cómo se le ocurrió escribir estas páginas. «En un momento determinado de mi vida acudí a ver una obra de teatro con mis dos hijos pequeños, y uno de los payasos "tenía" alzheimer. En ese momento, como madre, me pregunté cómo se lo explicaría yo a mis hijos. Y pensé que qué mejor que un cuento, alegre, pero con información útil», cuenta.
«La abuela necesita besitos» pretende fomentar el respeto hacia las personas mayores y ayudar a los más pequeños a ver el envejecimiento y los posibles procesos de deterioro mentales asociados como algo natural y, a menudo, inevitable.
Pero quien de verdad tiene la función de explicar este tipo de enfermedades como el alzheimer son los padres, apunta la autora. «El cuento es solo una ayuda. Los padres pueden, por ejemplo, leérselo a sus hijos y relacionarlo con su historia personal. Esta abuela se pierde por el pasillo, ¿te acuerdas de cómo se perdió tu abuelita el otro día también? Se trata de que el niño saque algo positivo y entienda que también puede ayudar a su abuelito. ¿Cómo? Abrochándole un botón, ayudándole a comer... Invirtiéndo los papeles», propone.
Además de exponer algunas acciones recomendadas para estimular la memoria, la autora insiste en un remedio infalible para apaciguar los procesos degenerativos: «amor, ternura y muchos besitos». «Gracias a este libro y a todas las asociaciones con las que he tenido contacto he aprendido mucho. Y la conclusión a la que he llegado es que lo que realmente es efectivo con esta enfermedad es dar afecto. De hecho, creo que la capacidad de recibir afecto es lo último que pierde el ser humano».
Tal y como lo explica esta autora en su cuento, es una historia tan verídica que cada vez vivenciamos más de cerca. Es importante que sepamos cómo hacerles entender a nuestros hijos la necesidad que necesitan nuestros ancianos de recibir cuanto afecto podamos, y quién mejor que un niño para brindarlo.

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